En El mundo que habito. Silencio elocuente, el territorio no funciona únicamente como escenario. El clima, las distancias, el agua, las construcciones y los sonidos determinan lo que cada personaje puede percibir, temer y comprender.
Esta sección se detiene en los territorios presentes desde el comienzo de la novela. Otros espacios forman parte de su recorrido, pero nombrarlos o explicar su importancia anticiparía acontecimientos que pertenecen a la experiencia de lectura.
Estas páginas tampoco pretenden describir de manera exhaustiva la Patagonia o la Europa de la guerra. Exploran la forma particular que esos territorios adquieren dentro de la novela y la relación que establecen con sus personajes.